Montserrat Guerra Saiz analiza, desde la salud mental perinatal, cómo ofrecer un acompañamiento más ajustado, comprensivo y libre de juicios para reducir el sufrimiento y fortalecer el bienestar materno en mujeres con TDAH

El posparto es una etapa de cambios intensos. Cambia el cuerpo, cambia el sueño, cambian los tiempos, cambia la relación con una misma y con los demás. A menudo se habla de esta etapa en términos de felicidad, adaptación o aprendizaje, pero muchas mujeres viven también cansancio extremo, desorganización, culpa y una sensación persistente de no llegar a todo.

En mujeres con TDAH, esta vivencia puede ser especialmente intensa. No porque falte capacidad, compromiso o vínculo con el bebé, sino porque el posparto exige de forma continua justo aquellas funciones que suelen estar más tensionadas en el TDAH: organización, priorización, memoria de trabajo, regulación emocional, gestión del tiempo y tolerancia a la sobrecarga. Desde una perspectiva de salud mental perinatal, esto no debería leerse como “mala adaptación”, sino como una necesidad de acompañamiento más ajustado.

Qué sabemos desde la evidencia

En los últimos años, la investigación ha ayudado a visibilizar mejor el TDAH en mujeres, un perfil que con frecuencia ha pasado desapercibido durante años por estrategias de compensación, autoexigencia y formas más internalizadas de malestar (Young et al., 2020). Esto es especialmente relevante en la etapa perinatal, porque muchas de esas estrategias dejan de sostenerse cuando aparecen la privación de sueño, la imprevisibilidad y la demanda constante del cuidado.

La evidencia reciente señala que las mujeres con TDAH presentan mayor riesgo de malestar psicológico en el periodo posparto, incluyendo mayor prevalencia de síntomas depresivos y trastornos relacionados con el estrés en comparación con mujeres sin TDAH (Babinski et al., 2025). Estos datos no implican que el TDAH determine de forma inevitable un posparto difícil, pero sí indican que conviene estar más atentos, detectar antes y acompañar mejor.

También sabemos que durante el embarazo y el posparto muchas mujeres interrumpen, modifican o retoman tratamientos, incluidos los relacionados con el TDAH, lo que refleja que esta etapa puede cambiar de forma importante el equilibrio previo y hacer más visibles dificultades que antes se sostenían con mucho esfuerzo (Bang Madsen et al., 2024). Por eso, las recomendaciones más actuales insisten en una valoración individualizada, que contemple tanto estrategias no farmacológicas como, cuando esté indicado, la revisión médica del tratamiento desde un análisis de riesgos y beneficios (AJOG, 2024).

Qué suele verse en la práctica clínica (experiencia clínica)

En consulta, el malestar posparto en mujeres con TDAH no siempre aparece como una tristeza clara o fácilmente reconocible. A veces se presenta como desbordamiento continuo. Como una sensación de estar “todo el día haciendo cosas” y, aun así, sentir que no se llega a nada. Como olvidos que generan culpa, irritabilidad que luego se vive con vergüenza, dificultad para ordenar tareas simples o bloqueo ante decisiones cotidianas.

Muchas mujeres describen algo parecido a esto: “No puedo parar de pensar en todo lo que falta”, “se me van cosas básicas”, “antes me organizaba mejor”, “todo me cuesta el doble”, “siento que lo estoy haciendo mal”. En ocasiones, desde fuera, este sufrimiento se interpreta como falta de adaptación, poca organización o nerviosismo “normal” del posparto. Pero cuando se mira con más atención, lo que aparece es otra cosa: una combinación de sueño fragmentado, carga mental excesiva, presión por hacerlo bien y un sistema cognitivo y emocional trabajando al límite.

También puede ocurrir que el posparto funcione como un punto de inflexión, y que dificultades presentes desde hace años —pero más o menos compensadas— se vuelvan imposibles de sostener. En estos casos, el acompañamiento clínico ayuda no solo a aliviar el malestar actual, sino también a comprender mejor la propia historia sin culpa ni etiquetas simplistas.

Implicaciones para el acompañamiento perinatal

Si ponemos el foco en la persona, el objetivo no es “corregir” una maternidad, sino reducir sufrimiento y favorecer condiciones más amables y realistas para cuidar y cuidarse. Algunas claves pueden ser especialmente útiles:

  • Mirar más allá del estado de ánimo. Preguntar solo por tristeza o ansiedad puede quedarse corto. Es importante explorar cómo está funcionando el día a día: sueño, organización, olvidos, sensación de desborde, dificultad para priorizar, ruido mental, carga invisible.
  • Validar sin minimizar. Frases bienintencionadas como “es normal, a todas les pasa” pueden hacer que la mujer se sienta aún más sola si lo que está viviendo tiene una intensidad alta. Validar no significa alarmar; significa reconocer el esfuerzo y abrir espacio para pedir ayuda.
  • Reducir culpa, aumentar comprensión. Muchas mujeres con TDAH llegan al posparto con una autoexigencia muy alta. Cuando algo falla, aparece rápidamente la culpa. Un acompañamiento respetuoso ayuda a traducir esa culpa en información clínica útil: qué está costando, en qué momentos, con qué desencadenantes y qué apoyos pueden aliviar.
  • Poner estructura sin rigidez. En esta etapa suele ayudar mucho transformar lo difuso en concreto: prioridades pequeñas, tareas visibles, apoyos externos, recordatorios, reparto explícito de responsabilidades y menos decisiones simultáneas. No se trata de “hacer más”, sino de sostener mejor lo importante.
  • Cuidar el lenguaje profesional y familiar. La forma de nombrar lo que ocurre importa. Cambia mucho pasar de “no se organiza” a “está en sobrecarga y necesita apoyo”; de “tiene que adaptarse” a “vamos a ver qué ajustes pueden ayudar”. El lenguaje puede ser una intervención en sí misma.
  • Coordinar cuando sea necesario. Cuando hay malestar significativo, antecedentes, dudas diagnósticas o necesidad de valorar tratamiento, la coordinación con profesionales de referencia (psicología, psiquiatría, medicina, matrona) es clave. En perinatal, los mensajes generales suelen ser poco útiles; lo que ayuda es la individualización.

Acompañar a una mujer con TDAH en el posparto implica, muchas veces, hacer algo muy simple y muy importante: mirar con más precisión y con menos juicio. Detrás de la culpa, la irritabilidad o la sensación de “no llegar” puede haber una sobrecarga real, sostenida y poco visible.

Incorporar esta mirada en salud mental perinatal no significa patologizar la maternidad. Significa reconocer que no todas las mujeres atraviesan el posparto desde el mismo punto de partida, y que ajustar el acompañamiento a esa realidad puede marcar una diferencia profunda. A veces, lo más terapéutico no es exigir más adaptación, sino ofrecer más comprensión, más estructura y más apoyo.

Referencias:
Babinski, D. E., Riggle, K., & Tuan, W.-J. (2025). Postpartum distress among women with and without attention-deficit/hyperactivity disorder. Journal of Clinical Psychiatry, 86(3), 24m15724.
Bang Madsen, K., Damkier, P., Liu, X., Pottegård, A., & Bro, S. P. (2024). Attention-deficit hyperactivity disorder (ADHD) medication use trajectories among women in the perinatal period. CNS Drugs.
Young, S., Adamo, N., Ásgeirsdóttir, B. B., Branney, P., Beckett, M., Colley, W., et al. (2020). Females with ADHD: An expert consensus statement taking a lifespan approach providing guidance for the identification and treatment of attention-deficit/hyperactivity disorder in girls and women. BMC Psychiatry, 20, 404.
American Journal of Obstetrics and Gynecology (AJOG). (2024). Attention-deficit/hyperactivity disorder in pregnancy and the postpartum period.

Autora: Montserrat Guerra Saiz

Soy Montserrat Guerra Saiz, y actualmente trabajo en mi consulta en Santander (Cantabria), junto a otras compañeras de la profesión.

Elegí la licenciatura de Psicología por vocación, y posteriormente, no he abandonado este interés hasta el día de hoy, ampliando mi formación y áreas de trabajo, buscando la mejor manera de apoyar y acompañar a las personas en su camino.

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