En el Día Internacional del Duelo Gestacional, Perinatal y Neonatal compartimos el manifiesto de la FEDUP, de la que forma parte la AEPP, para dar voz a esta realidad y reivindicar una atención digna, respetuosa y acompañada para todas las familias.

Un año más, con motivo del Día Internacional del Duelo Gestacional, Perinatal y Neonatal, la FEDUP (Federación Española de Duelo Gestacional, Perinatal y Neonatal), junto a las familias, otras asociaciones no federadas y profesionales de diversos ámbitos relacionados con el duelo, nos hemos unido para visibilizar la muerte gestacional, perinatal y neonatal.

Durante años hemos trabajado para romper el silencio, hacer visible esta realidad y reclamar reconocimiento, dignidad y reparación. Ese camino ha abierto conversaciones, ha impulsado cambios y ha permitido que muchas familias encuentren palabras, cuidados y comunidad donde antes solo había soledad.

Este año queremos centrarnos en la necesidad de que ese reconocimiento se traduzca en derechos reales y garantizados. Porque reconocer no es suficiente cuando la atención depende del código postal, del hospital, de las semanas de gestación o de la sensibilidad de quien esté de guardia. Un derecho que depende del azar no es todavía un derecho garantizado.

La protección sanitaria, laboral, jurídica y emocional de las familias no puede quedarse en una declaración de buenas intenciones. Este es el propósito que pone nombre al lema de este 15 de octubre de 2026:

Nuestro duelo merece derechos, no solo reconocimiento

Por ello,

MANIFESTAMOS:
  1. Que toda muerte gestacional, perinatal o neonatal merece una atención digna, respetuosa y centrada en las necesidades de cada familia, con independencia de la edad gestacional, la causa de la muerte o las circunstancias en que se produzca.
  2. Que el vínculo con una hija o un hijo no se mide en semanas. Su existencia, su lugar en la familia y el dolor de su muerte no pueden quedar sometidos a límites administrativos.
  3. Que las desigualdades territoriales y la aplicación irregular de los protocolos generan desamparo y revictimización. La calidad de la atención no puede depender del hospital o de la comunidad autónoma.
  4. Que las interrupciones del embarazo, sea cual sea su causa, deben ser atendidas en la sanidad pública con información clara, intimidad, respeto y acompañamiento, libres de juicio, estigma y obstáculos derivados de la objeción de conciencia.
  5. Que el puerperio existe también cuando la criatura muere. La recuperación física, la lactogénesis, el impacto emocional y la salud mental requieren seguimiento específico y continuado.
  6. Que madres, padres, parejas y otras personas que ejercen una función parental necesitan ser reconocidas y acompañadas. El duelo afecta a todo el sistema familiar y ninguna persona debería quedar excluida de los cuidados.
  7. Que recordar, nombrar, despedir y disponer del cuerpo de la criatura de acuerdo con las convicciones de la familia son necesidades humanas que deben poder ejercerse con información, tiempo y libertad.
  8. Que la buena voluntad profesional es valiosa, pero no puede sustituir la responsabilidad de las instituciones. La atención adecuada debe estar respaldada por formación, recursos, evaluación y rendición de cuentas.

Y, por tanto,

SOLICITAMOS:
  1. Una estrategia estatal específica de atención a la muerte y al duelo gestacional, perinatal y neonatal, coordinada con las comunidades autónomas, con financiación suficiente, objetivos medibles y evaluación pública.
  2. Protocolos obligatorios, actualizados y auditables en todos los centros sanitarios públicos y privados, incluidos los procesos de interrupción del embarazo y los cuidados paliativos perinatales.
  3. Formación inicial y continuada para profesionales sanitarios, administrativos, funerarios, judiciales y registrales, que incorpore comunicación de malas noticias, derechos de las familias, diversidad familiar, perspectiva de género y prevención de la violencia obstétrica y del duelo desautorizado.
  4. Información oral y escrita, comprensible y accesible desde el primer momento, que permita decidir sin prisas ni presiones sobre el contacto y la despedida, la creación de recuerdos, las pruebas diagnósticas, la autopsia, la lactancia, los trámites y el destino del cuerpo.
  5. Espacios diferenciados, íntimos y adecuados en los hospitales; tiempo suficiente para despedirse; y disponibilidad de recursos que favorezcan una despedida respetuosa, como cajas de recuerdos, fotografía especializada o cunas de abrazos (cuddle cots), cuando la familia lo desee.
  6. Seguimiento sanitario y psicológico continuado, con circuitos claros de derivación y acceso gratuito y equitativo a atención especializada y a grupos de ayuda mutua, sin barreras económicas, territoriales ni burocráticas.
  7. Permisos laborales retribuidos y específicos para la recuperación y el duelo de todas las personas progenitoras o responsables del vínculo, sin discriminación por edad gestacional, situación laboral, modelo familiar o forma de filiación.
  8. El reconocimiento registral voluntario de todas las criaturas fallecidas, con nombre y apellidos si así lo desea la familia, con independencia de las semanas de gestación y sin que ese reconocimiento implique efectos jurídicos no solicitados.
  9. Garantías reales para que la prestación de la interrupción del embarazo se realice en centros públicos de proximidad, evitando desplazamientos forzados, demoras, desinformación y abandono asistencial.
  10. Acuerdos y procedimientos transparentes con los servicios funerarios que aseguren un trato digno del cuerpo, opciones asequibles y el respeto a los rituales, creencias y circunstancias socioculturales de cada familia.
  11. Datos públicos, investigación y evaluación estatal sobre mortalidad gestacional, perinatal y neonatal, calidad asistencial, desigualdades territoriales e impacto del duelo, preservando siempre la intimidad de las familias.
  12. Medidas de reparación para quienes recibieron una atención negligente, deshumanizada o vulneradora de sus derechos, mediante canales accesibles de reclamación, revisión de los casos y compromisos verificables de mejora.
  13. Una campaña pública sostenida que ayude a comprender esta realidad, combata el estigma y promueva una cultura capaz de acompañar la muerte y el duelo con respeto, presencia y cuidado.

Somos conscientes de la evolución que en los últimos años ha experimentado la atención al duelo gestacional, perinatal y neonatal, tanto en el ámbito social como en el sanitario. Cada vez existe una mayor conciencia sobre esta realidad y sobre la necesidad de acompañar a las familias con sensibilidad, información y respeto.

Esta evolución no habría sido posible sin el esfuerzo y la energía de tantas familias que, después de vivir la muerte de una hija o un hijo durante el embarazo, el parto o poco después de nacer, han trabajado para visibilizar y legitimar este duelo a través de asociaciones y entidades comprometidas. Agradecemos también la implicación de las y los profesionales que comprenden la importancia de formarse y de ofrecer una atención cada vez más humana.

Sin embargo, el reconocimiento social alcanzado todavía no se ha traducido en los mismos derechos, cuidados y recursos para todas las familias. Queda mucho por cambiar y un gran camino que recorrer. La unión de las familias, las asociaciones y las y los profesionales debe impulsarnos a continuar avanzando en esta dirección.

FEDUP, Federación Española de Duelo gestacional, Perinatal y neonatal