La atención perinatal en mujeres con autismo requiere ajustes en comunicación, entorno sensorial y previsibilidad. Desde la psicología perinatal exploramos cómo mejorar la experiencia de embarazo, parto y posparto mediante una atención más accesible y centrada en la persona.

Hay mujeres y personas gestantes que no llegan a una consulta perinatal con miedo al embarazo o al parto, sino con miedo a la consulta en sí: al ruido, a la luz, a la espera, a la incertidumbre, a no entender bien qué va a pasar, a que no se respete su ritmo o a que se interprete mal su manera de comunicarse.

En personas autistas, esta experiencia es habitual. Y conviene decirlo con claridad: muchas dificultades que aparecen en la etapa perinatal no proceden sólo de la vivencia personal del embarazo, sino del encuentro entre esa persona y un entorno asistencial que, a veces, no está suficientemente adaptado. Desde una perspectiva de atención centrada en la persona, esta diferencia es fundamental. No estamos hablando de “capacidad para ser madre”, sino de accesibilidad del cuidado.

La exigencia sensorial y emocional de la etapa perinatal

La etapa perinatal ya implica de por sí una gran exigencia física, emocional y sensorial. Hay cambios corporales intensos, exploraciones frecuentes, contacto físico, tiempos de espera, información nueva, decisiones importantes y, en muchos casos, imprevistos. Para una persona con autismo, algunos de estos elementos pueden tener un impacto mayor si se suman sensibilidad sensorial, necesidad de previsibilidad, cansancio social, dificultad con la ambigüedad o un esfuerzo sostenido de adaptación.

La literatura reciente va en esta línea. Las revisiones publicadas en los últimos años describen de forma consistente que muchas mujeres autistas refieren sobrecarga sensorial, dificultades de comunicación con profesionales, experiencias de incomprensión y necesidad de una atención más individualizada durante embarazo, parto y posparto (Westgate et al., 2024; Elliott et al., 2024). También señalan algo muy importante: junto a las dificultades en el acceso y la experiencia asistencial, existen fortalezas y recursos parentales que no siempre son reconocidos cuando se mira solo desde el déficit (Westgate et al., 2024).

Este punto merece atención, porque en perinatal el modo en que interpretamos lo que ocurre cambia el tipo de ayuda que ofrecemos. Si una mujer necesita información concreta, anticipación o menos estímulos, y eso se lee como “rigidez” o “exigencia”, la relación asistencial se deteriora. Si se entiende como una necesidad legítima de regulación y seguridad, aparecen posibilidades reales de acompañamiento.

Señales de sobrecarga en la consulta

En la práctica clínica, muchas veces el malestar no se expresa con grandes palabras. A veces aparece como agotamiento después de una revisión aparentemente breve. Como tensión acumulada antes de cada cita. Como bloqueo cuando se ofrecen varias instrucciones seguidas. Como dificultad para responder rápido a preguntas abiertas en un momento de mucha activación. O como una sensación muy frecuente de “tener que aguantar” para no parecer problemática.

También puede ocurrir que la persona haya desarrollado durante años estrategias de camuflaje social eficaces en contextos cotidianos, pero que en la etapa perinatal el coste de sostenerlas aumente. No porque falten recursos personales, sino porque la demanda es alta y continuada. Desde fuera, esto puede confundirse con frialdad, distancia, desconfianza o poca colaboración. Desde una mirada más ajustada, lo que vemos muchas veces es sobrecarga.

Por eso, hablar de autismo y perinatal no debería reducirse a una lista de síntomas. Es más útil pensar en barreras y ajustes. ¿Qué está dificultando la experiencia? ¿Qué cambios concretos pueden mejorarla? ¿Qué necesita esa persona para sentirse segura, comprendida y partícipe de su proceso?

Estrategias y ajustes que mejoran la experiencia perinatal

La evidencia disponible y la experiencia clínica apuntan a que pequeñas adaptaciones pueden tener un efecto muy significativo. No suelen requerir grandes recursos, pero sí una actitud profesional de escucha y precisión.

Una de las intervenciones más valiosas es preguntar antes de suponer. No todas las personas con autismo necesitan lo mismo, y el riesgo de estereotipar es real. Preguntas sencillas pueden orientar mucho el acompañamiento: qué le ayuda en una consulta, qué le resulta más difícil, cómo prefiere recibir la información, si necesita que se anticipen los pasos de una exploración, o qué estímulos le desregulan más.

La previsibilidad también suele ser una herramienta clínica de primer orden. Explicar qué va a ocurrir, quién va a entrar, cuánto puede durar una prueba, qué se va a hacer antes del contacto físico y qué alternativas existen cuando algo resulta especialmente invasivo puede disminuir ansiedad y aumentar sensación de control. En parto respetado, esto no es un detalle menor: comprender y poder anticipar forma parte de la vivencia de seguridad.

El entorno sensorial, cuando se puede ajustar, importa más de lo que a veces pensamos. Reducir ruido, limitar interrupciones, modular la iluminación, evitar cambios innecesarios de profesionales o permitir pequeños tiempos de regulación puede transformar una consulta muy difícil en una consulta tolerable. Las revisiones sobre experiencias perinatales en mujeres autistas insisten precisamente en la sobrecarga sensorial como uno de los ejes más repetidos (Westgate et al., 2024; Ferrara et al., 2023).

También es clave el lenguaje. Una comunicación clara, concreta y no ambigua suele facilitar mucho la relación asistencial. Dar instrucciones por pasos, confirmar comprensión, ofrecer la posibilidad de repetir la información o dejar pautas por escrito puede reducir errores, tensión y malentendidos. A menudo, no se trata de explicar más, sino de explicar mejor.

Atención centrada en la persona: más allá de los síntomas

Otro aspecto importante es no confundir estilo comunicativo con vínculo, implicación o capacidad de cuidado. La forma de expresar afecto, preocupación o malestar puede ser diferente, y eso no implica menor conexión con el bebé ni menor compromiso. Este sesgo, cuando aparece, puede hacer daño y aumentar el sentimiento de juicio en una etapa ya sensible.

En paralelo, es importante no separar la salud mental del contexto. Si hay ansiedad intensa, desborde, retraimiento, irritabilidad o malestar persistente, conviene valorar apoyo en salud mental perinatal. Pero hacerlo sin perder de vista que parte del sufrimiento puede estar relacionado con una atención poco accesible. A veces el trabajo terapéutico no consiste solo en ayudar a la persona a adaptarse, sino también en legitimar sus necesidades y facilitar ajustes en el entorno.

Cuando un equipo encuentra medidas que ayudan, conviene registrarlas y compartirlas entre profesionales. Algo tan simple como dejar anotado “necesita explicación previa antes de exploración”, “mejor instrucciones de una en una” o “mejora con menor estimulación ambiental” evita que la persona tenga que volver a exponerse y explicarse en cada contacto. Este tipo de continuidad también es cuidado.

La atención perinatal centrada en la persona no exige respuestas idénticas para todo el mundo; exige capacidad para ajustar. En el caso de mujeres y personas gestantes con autismo, estos ajustes no son concesiones especiales. Son una forma de hacer buena práctica clínica, de reducir daño evitable y de sostener una experiencia más digna en un momento vital especialmente sensible.

Quizá una de las ideas más importantes sea esta: muchas veces no hace falta “hacer mucho más”, sino hacerlo de otra manera. Con menos suposiciones, más escucha, más claridad y más respeto por el modo en que cada persona procesa, siente y se regula.

Referencias:

  1. Elliott, J. K., et al. (2024). The neurodivergent perinatal experience: A systematic literature review on autism and attention deficit hyperactivity disorder. Women and Birth.
  2. Ferrara, R., et al. (2023). Pregnancy in autistic women and social medical considerations: Scoping review and meta-synthesis.
  3. Westgate, V., Sewell, O., Caramaschi, D., et al. (2024). Autistic women’s experiences of the perinatal period: A systematic mixed methods review. Review Journal of Autism and Developmental Disorders.

Autora: Montserrat Guerra Saiz

Soy Montserrat Guerra Saiz, y actualmente trabajo en mi consulta en Santander (Cantabria), junto a otras compañeras de la profesión.

Elegí la licenciatura de Psicología por vocación, y posteriormente, no he abandonado este interés hasta el día de hoy, ampliando mi formación y áreas de trabajo, buscando la mejor manera de apoyar y acompañar a las personas en su camino.

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